¿Cómo influye el origen Buesaco, Nariño, en las notas de acidez y cuerpo del café?
Buesaco: donde la montaña se convierte en sabor
Hay cafés que simplemente saben bien. Y hay otros que parecen contar de dónde vienen.
Canabella Café Especial nace en Buesaco, Nariño, un territorio andino reconocido por producir cafés de gran expresión aromática, acidez marcada y perfiles dulces y frutales. La Federación Nacional de Cafeteros describe el café de Nariño como un café de fragancia y aromas intensos, con acidez alta, cuerpo medio y una impresión balanceada, limpia y suave, acompañada frecuentemente de notas dulces y florales.
¿Qué hace que una taza cultivada en Buesaco pueda desarrollar estas características?
La respuesta está debajo de nuestros pies, en el clima, en la altura, en la biodiversidad y, sobre todo, en la manera en que entendemos la finca como un ecosistema.
Buesaco se encuentra en el paisaje montañoso de los Andes del sur de Colombia. Sus cafetales se desarrollan en diferentes pisos altitudinales y, en las zonas cafeteras de mayor altura, las condiciones frescas de montaña favorecen una maduración más lenta del fruto.
En Nariño, el café se cultiva entre algunas de las mayores altitudes cafeteras de Colombia. La combinación de altura, temperaturas frescas, suelos de origen volcánico y amplitud de condiciones climáticas está asociada con cafés de elevada acidez, dulzor y complejidad aromática. En Buesaco, estas características se reflejan en cafés que pueden expresar perfiles cítricos, frutales, florales y dulces.
Algunos lotes de Buesaco reconocidos en competencias de café de especialidad han presentado descriptores como naranja, limón, frutos rojos, durazno, manzana, flores, miel y panela, acompañados de acideces cítricas, lácticas o brillantes y sensaciones cremosas o sedosas; es decir: el territorio no le da al café un sabor específico como si fuera un ingrediente añadido; crea las condiciones para que determinadas características puedan desarrollarse.
¿Por qué la altura puede favorecer una acidez más brillante?
Una de las características que más distingue a los cafés de Nariño es su acidez. Pero cuando hablamos de acidez en café de especialidad, no estamos hablando de un café «agrio». Estamos hablando de una sensación agradable, viva y estructurada que puede recordar a: limón, naranja, mandarina, manzana verde, frutos rojos o uva.
Las condiciones de montaña y las temperaturas más frescas pueden ralentizar la maduración de la cereza. Ese proceso más pausado favorece el desarrollo y acumulación de azúcares y compuestos asociados con la complejidad sensorial. Cafés de Buesaco cultivados alrededor de los 2.000 metros han sido descritos precisamente por sus acideces brillantes y perfiles de fruta madura y cítricos. En Canabella, esta expresión del territorio se convierte en una parte fundamental de nuestra identidad: una acidez viva, pero equilibrada; frutal, limpia y acompañada de dulzor.
¿Y qué ocurre con el cuerpo?
Si la acidez es la energía de una taza, el cuerpo es la sensación que permanece en la boca. Es aquello que hace que un café se perciba:
- Ligero.
- Sedoso.
- Cremoso.
- Redondo.
- Denso.
- Jaraboso.
El café de Nariño suele caracterizarse por una estructura de cuerpo medio, que permite que la acidez tenga protagonismo sin perder balance. En Canabella buscamos que esa estructura se sienta integrada con el dulzor y las características frutales del café. Por eso, más que buscar un café excesivamente pesado, nuestro objetivo es una taza donde la acidez, el dulzor, el cuerpo y el aroma trabajen juntos. Una taza con movimiento, pero también con textura.
El suelo también cuenta una historia
Buesaco forma parte de una región donde los suelos de origen volcánico son una característica importante del paisaje cafetero de Nariño. Pero aquí aparece algo fundamental: el suelo no trabaja solo.
La nutrición de una planta depende de múltiples factores: composición del suelo, disponibilidad de nutrientes, materia orgánica, agua, microorganismos, clima, manejo agronómico y genética de la planta. Por eso, en Canabella no entendemos el suelo simplemente como el lugar donde está sembrado el café. Lo entendemos como un organismo vivo.
De residuo a alimento para la tierra
Una de las particularidades de Canabella es nuestro enfoque de agricultura circular. Los residuos de la producción cafetera y el cáñamo se convierten en materia prima para producir abonos orgánicos, apoyándonos en procesos biológicos donde participan organismos como la lombriz californiana y la mosca soldado negra.
En lugar de considerar los residuos como basura, buscamos devolverlos al sistema. La lógica es sencilla: la planta alimenta al fruto; el fruto genera residuos; los residuos alimentan el suelo; y el suelo vuelve a alimentar la planta. Este ciclo busca mantener y enriquecer la materia orgánica del suelo y reducir la dependencia de insumos externos. Y aunque no sería científicamente correcto afirmar que este abono produce directamente una determinada nota de naranja, mango o chocolate en la taza, sí forma parte del sistema agrícola que sostiene la salud y nutrición del cafetal.
Una finca que también es un jardín
Caminar por Canabella no es encontrarse con un monocultivo de café. El café comparte su espacio con naranjos, bananos, mangos, flores y plantas nativas. Esta diversidad transforma el paisaje y crea un sistema agrícola más parecido a un ecosistema. Los árboles frutales aportan materia orgánica, refugio y diversidad biológica; las flores favorecen la presencia de insectos y polinizadores; las plantas nativas ayudan a mantener la identidad ecológica del territorio. Y existe una coincidencia fascinante: lo que vemos en la finca también puede aparecer en la taza.
Cuando un catador encuentra descriptores como naranja, mango, frutas tropicales o flores, no significa necesariamente que esas plantas hayan «transferido» literalmente su sabor al café. Las notas sensoriales son descriptores utilizados para comparar aromas y sabores percibidos en la taza. Pero que el café crezca dentro de un paisaje lleno de frutas, flores y biodiversidad sí forma parte de la historia de ese café.
¿Puede el naranja de la finca convertirse en una nota cítrica en la taza?
Esta es una de las preguntas más interesantes. La respuesta corta es: no de manera directa.
Un cafeto que crece cerca de un naranjo no absorbe el sabor de la naranja y lo convierte automáticamente en café con sabor a naranja. Las notas sensoriales se originan principalmente en la genética de la planta, las condiciones de cultivo, la maduración del fruto, la composición química de la cereza y las transformaciones que ocurren durante el beneficio, fermentación, secado y tostión. Por eso, cuando encontramos una nota de naranja en Canabella, estamos describiendo una percepción sensorial comparable con la fruta, no afirmando que el café haya adquirido ese sabor por estar sembrado junto a naranjos. Y precisamente ahí está la magia de la catación: la naturaleza produce los compuestos; nuestros sentidos encuentran las historias para describirlos.
La fermentación: cuando la experimentación cambia la expresión del café
El origen es solo el comienzo. Después de cosechar una cereza de café madura, comienza otro capítulo: el procesamiento. En Canabella exploramos procesos experimentales de fermentación para descubrir nuevas expresiones sensoriales del café. Uno de nuestros enfoques experimentales incorpora CBD dentro del proceso de fermentación, bajo una filosofía de innovación que busca explorar nuevas interacciones entre café, fermentación y compuestos botánicos. Aquí es importante diferenciar dos conceptos.
El origen define el potencial.
El proceso ayuda a revelar cómo ese potencial llega a la taza.
Por eso, dos cafés cultivados en Buesaco pueden tener perfiles muy diferentes dependiendo de su variedad, maduración, fermentación, lavado, secado y tostión. Investigaciones realizadas en Nariño han mostrado precisamente que la calidad sensorial del café es resultado de la interacción de múltiples variables agronómicas, climáticas y de poscosecha, y no de la altitud por sí sola.
Entonces, ¿a qué sabe Buesaco?
No existe una única «receta sensorial» para todo el café de Buesaco. Pero sí existe una identidad regional reconocible. Los cafés de esta zona pueden expresar:
- Acidez: Brillante, cítrica, frutal y estructurada.
- Fruta: Notas que pueden recordar a frutos rojos, frutas de hueso y frutas tropicales.
- Floral: Matices delicados que aportan elegancia y complejidad.
- Dulzor: Sensaciones que pueden recordar a miel, panela, caramelo o azúcar de caña.
- Cuerpo: Generalmente medio, con posibilidades de desarrollar sensaciones cremosas, sedosas o jarabosas dependiendo de la variedad y el proceso.
Estos descriptores coinciden con perfiles documentados en cafés de Buesaco y Nariño en diferentes lotes de especialidad.
Buesaco + Canabella: el territorio como parte de la receta
En Canabella creemos que un café extraordinario no comienza en la tostadora. Comienza mucho antes. Comienza en la montaña. En la semilla. En la tierra. En la biodiversidad. En la manera de alimentar el suelo. En la selección de la cereza madura. En la experimentación. Y en la decisión de entender cada residuo como una oportunidad para volver a empezar.
Por eso, nuestra taza reúne dos dimensiones: el carácter de Buesaco y la innovación de Canabella. El primero aporta el escenario: montaña, altura, clima, suelo y biodiversidad. La segunda aporta una manera particular de trabajar ese escenario: agricultura circular, aprovechamiento de residuos, abonos orgánicos, diversidad vegetal y experimentación con procesos de fermentación. El resultado no es simplemente un café «de Buesaco».
Es un café que busca expresar Buesaco desde una perspectiva diferente.
La próxima vez que pruebes una taza de Canabella…
Antes de buscar únicamente si sabe a naranja, mango, chocolate o flores, detente un momento. Pregúntate:
¿Qué estoy sintiendo?
¿La acidez te recuerda a una fruta cítrica?
¿El cuerpo se siente cremoso o sedoso?
¿El dulzor permanece después de beber?
¿Aparecen flores?
¿Encuentras frutas tropicales?
¿La taza evoluciona mientras se enfría?
Eso es parte del lenguaje del café de especialidad. Y cuando conoces su origen, ese lenguaje se vuelve todavía más interesante. Porque detrás de cada sorbo hay una montaña. Un suelo. Una planta. Un ecosistema. Un productor. Una decisión. Y cientos de pequeños procesos que terminaron convirtiéndose en una sola experiencia: una taza de café nacida en Buesaco, Nariño.
Canabella Café Especial
Del ecosistema a la taza. De Buesaco al mundo.